Estatizados

Se la jugaron. Cambiaron éxito y reconocimiento empresarial por el servicio público y la actividad política. A 90 días del cambio de mando, Capital convocó a algunos de los ejecutivos privados que ahora se desempeñan en el gobierno. Nos contaron sus experiencias, los problemas y los cambios que han podido introducir en materia de management y eficiencia en la gestión.

El ministro de Minería, Laurence Golborne, confiesa que jamás se imaginó, a sus 48 años, verse instalado en un cargo de gobierno y haciendo lo que define como “mi propio servicio militar”. Tras dos décadas de reconocida trayectoria en el mundo privado –con cargos ejecutivos que muchos ya se quisieran, como la gerencia general de Cencosud– tenía pensado hacerse un espacio como director de empresas y sacar adelante algunos emprendimientos personales. Pero una llamada telefónica modificó sus planes... ¡y de qué manera!

Dice que no fue una decisión fácil, porque involucró un cambio radical en su carrera y tuvo que considerar muchos aspectos antes de dar el sí. Como el simple hecho de que los sueldos en el sector público no tienen oportunidad de competir con los del sector privado, por lo que necesariamente había que analizar si se estaba en condiciones de enfrentar esa merma.

Como él, fueron varios los ejecutivos y empresarios que se encontraron de pronto haciendo el mismo análisis. Para buena parte, pesaron más el espíritu de servicio y la oportunidad de trabajar en el gobierno que sus planes empresariales. A 90 días del cambio de administración, Capital reunió a varios de estos “estatizados” para conocer sus experiencias y las dificultades a las que se han enfrentado.

Además del ministro Golborne, la lista de convocados incluyó al intendente de Santiago y ex hombre fuerte de la Constructora Echeverría Izquierdo, Fernando Echeverría; al secretario ejecutivo del Comité de Emergencia y ex ejecutivo de D&S, Cristóbal Lira; a la ex socia del estudio Guerrero, Olivos, Novoa y Errázuriz Jimena Bronfman, ahora subsecretaria de Energía; al ex gerente general de Blanco & Negro y hoy subsecretario de Agricultura, Alvaro Cruzat; y al actual secretario ejecutivo del Comité Interministerial de Reconstrucción, Marcelo Cox, que antes era socio y gerente general de la empresa Proyecta Inmobiliaria.

Menos libertades

¿Cómo ha sido trabajar en el sector público? les preguntamos de entrada. Las respuestas mezclaron siempre la misma idea: difícil, porque es muy evidente que no se tienen los grados de libertad a los que estaban acostumbrados en el sector privado.

Para el intendente Echeverría, incluso ha sido frustrante, “porque pasas de un mundo en que estabas acostumbrado a tomar decisiones en forma muy rápida, en que tu marco de acción era todo lo que no te prohibía la ley y te permitía la ética, a un campo en que sólo haces lo que la ley expresamente te autoriza. Eso es un mundo de diferencia”.

Lo que ocurre, explican, es que el sistema estatal es muy vertical, lo que rigidiza la coordinación del trabajo y disminuye la eficacia. Cox agrega que, en general, los procesos están más orientados a proteger al Estado de errores o fraudes que a focalizarse en las personas como sus verdaderos “mandantes”. En cambio, en la empresa privada, el cliente manda. “Acá el diseño se ha ido distanciando de los ciudadanos y pareciera que algunos creen que el Estado es un fin en sí mismo y no un medio de servicio”, describe.

Para Cristóbal Lira ha sido todo un desafío aprender los procedimientos necesarios para ejecutar cada acción. “Cualquier error es usado de inmediato para desprestigiar todo lo realizado”, se queja. Otros, como Jimena Bronfman, se lamentan de los kilos de papeles que tienen que firmar todos los días. Mientras en el sector privado la tecnología predomina, en el servicio público la mayoría de los documentos se sigue enviando por papel ¡y en cuatro o cinco copias!

Trasvasije de culturas

Por eso, varios ya se han atrevido a incorporar en sus nuevas funciones prácticas del mundo privado. Cruzat dice que el empeño en el Ministerio de Agricultura -que posee nada menos que 10 servicios bajo su alero- es precisamente modernizar al máximo la gestión con la incorporación activa de la tecnología. En otras reparticiones hablan de dar más horizontalidad e informalidad a las relaciones en el trabajo, pues de ese modo se logran mejores condiciones para el desempeño en equipo.

La cruzada de Echeverría va por el lado de la mayor competencia. "En el sector privado permanentemente tenemos que rendir cuentas al mercado, contra el balance, contra los resultados, y creo que nos hace falta en el sector público un poquito más de inmediatez, de apuro, de competencia”.

Cruzat agrega que una de las ventajas que tienen varias nuevas autoridades es el contar con estudios de postgrado en importantes escuelas de negocios del mundo. Contar con un MBA abre las puertas, por ejemplo, para ejecutar de mejor forma muchos de los programas sociales, que están bien diseñados pero que fallan en su puesta en marcha. “Generalmente hay problemas en el liderazgo, en la manera en que se toman las decisiones, en los sistemas de control y monitoreo, aspectos que se discuten todos los días en las escuelas de negocios”, diagnostica.
El manejo político

Las primeras críticas opositoras que surgieron tras el nombramiento de las distintas autoridades de gobierno apuntaban a la falta de peso político y técnico de un gabinete y un equipo de trabajo compuestos mayormente por empresarios y ex ejecutivos de empresas.

En la defensa, lo primero que argumentan casi todos es que aunque el conocimiento específico es importante y valioso, el mundo de la política también requiere de una serie de otros talentos. Capacidades de distinto orden, como un eficaz liderazgo de equipos, la generación de apoyos o la transmisión de ideas adecuadas para materializar las distintas tareas. Todo eso, la mayoría lo ha cultivado en el mundo privado y lo estrictamente técnico han tenido que adquirirlo a punta de esfuerzo y con muchas asesorías.

Golborne añade que en la vida de negocios se experimentan distintas formas de política, aunque con componentes distintos. “En un cargo ejecutivo, uno tiene que estar permanentemente conversando y convenciendo a sus directores. Quizá la lógica política es ligeramente distinta a la empresarial, pero hay aspectos de negociación que son comunes”, sostiene.

Otros añaden que al haber ocupado cargos de relevancia en el mundo empresarial también se ha tenido contacto con el mundo político, pues habitualmente las empresas se relacionan con parlamentarios al participar en la discusión de proyectos de ley, incluso frente a comisiones en el Congreso. “Lo único distinto son los tiempos y las urgencias, pero hay que aprender a manejarse en ese esquema, y en eso estamos”, concluye el ministro. 

Fuente: Revista Capital 

José Almonacid

Contador Auditor Egresado y Titulado de la Escuela de Contadores Auditores de Santiago, Miembro actual del Colegio de Contadores de Chile A.G., Diplomado en Legislación Tributaria en la Universidad Mariano Egaña, Participación en Seminarios de la Reforma Tributaria, Seminario "Nuevos elementos del FUT ejercicios 2015-2016 e Impuesto Único al FUT" y Actualmente, se encuentra enfocado primordialmente en el libre ejercicio de la profesión con énfasis en temas tributarios y contables.